Un
mensaje en el blog Art de Natalia, junto con los comentarios de Narú y Hache me han hecho pensar un poco en esto de la tecnología.
Tengo el blog configurado de forma que cuando alguien me deje un comentario, éste se envíe a una dirección de correo que a su vez redirecciona con otra cuenta de correo que me proporciona mi operadora de móviles, gracias a lo cual recibo un SMS en el mismo momento en que alguien me ha dejado un comentario en mi blog. Esté donde esté (o casi, porque en las lomas de Conil apenas hay cobertura, señor papanuel verde, hágase cargo, hohohó). De todas formas es genial, en serio. :)

Hace poco, mi padre (da igual su identidad, pensad en un protón cualquiera, pero que sea tradicional y bien entrado en años) alucinaba mientras le enseñaba cómo viajar con su nuevo ordenador a través de internet, cómo saltar del museo del Louvre a las montañas nevadas del Himalaya con un solo clic, cómo encontrar al momento una poesía de la que él recordaba sólo las 5 palabras del principio, cómo imprimirla para que se la llevase a sus amigos... y me quedé pensando "...cuando mi padre tenía mi edad, ver la televisión en blanco y negro era para él lo mismo que es para nosotros un frigorífico que te hace la compra sólo. Y su abuela decía que el teléfono y la radio eran cosas de brujas... ¿qué veré yo con su edad?"
Dicen que la tecnología nos acerca. Yo suelo usar el messenger a menudo, aunque no me considero enganchado (durante un tiempo sí lo estuve). Ciertamente viene muy bien cuando quieres avisar a alguien de algo, preguntar cualquier cosa o simplemente charlar por charlar.
Charlar... Bueno venga, chatear. Escribir. Yo escribo, tu me escribes. Y nos estamos comunicando. Si te parece muy frío pues te pongo una foto mía al lado de la conversación y ya me ves. Si aun así te parece frío, con una conexión decente (y si no nos da corte) podemos usar la webcam. Te veoo, te oigooo, me ves, me oyes. En tiempo real, al instante. ¡La tecnología nos acerca, es genial!. Estás ahí, te veo. Todavía no puedo oler tu perfume, pero ya inventarán dentro de poco un sistema capaz de emitir olores personalizados a través de la red.
Vaya, ahora se va la luz. Tu ordenador se ha apagado. Tu casa también. Miras por la ventana, es de noche. Tu barrio también se ha apagado. ¿Y tu amiga? ¿Y tu amigo? ¿También se han apagado? ¡Pero si estaban ahí, enfrente tuya!
Para mí, donde se ponga un café... una velita en la mesa... una cálida luz y carne humana a medio metro, que se quiten las tecnologías que nos dicen que nos acercan.
No estoy en contra de la tecnología, me parece sencillamente maravillosa. Cura enfermedades, amplía nuestros límites, nos permite informarnos de lo que pasa en el mundo sin restricciones, acerca la cultura a la gente... La tecnología nos ayuda en la vida. Pero es tan poderosa que a veces, sin darnos cuenta, dejamos nuestras relaciones humanas en sus manos... deshumanizándonos.
Prefiero escribir una carta de mi puño y letra a un amigo lejano un par de veces al año que verlo todos los días en el messenger y no saber qué decirle, tal vez por tenerlo demasiado cerca. Pero por otro lado, no puedo permitirme dar una vuelta por la otra punta de Europa sólo para tomar un café. Así que sigo usando messenger a menudo :)