19 de enero de 2007. 19:00. Aeropuerto de Granada. Tomándome (cómo no) un cafelito pausado.
Enfrente mía, un viejo hojea un ejemplar del Daily Mail en el que se lee “So winter’s here, then!”. Hace una media hora escuché en la radio del coche que en centroeuropa han muerto treintaytantas personas debido al huracán “Cirilo”. Un huracán en Europa. Surreal.
Tras los ventanales, con el cielo nocturno tejiendo un tapiz azul oscuro (casi negro), descansa un avión de Scandinavian Airlines sacado de las tinieblas por las infinitas tonalidades de luz blanca que los reflectores y focos de la pista proyectan sobre él. Y algunas luces dispersas de colores rojo, verde, blanco... Y operarios con chaleco naranja fluorescente dando de beber a la nave.
Y dentro, un murmullo suave y monótono en la cafetería. Un mosaico de lenguas que se entremezclan como los colores de un cóctel de naranja y granadina o lima, dando como resultado un color único, indefinible e inclasificable.
Es un mundo distinto. Un aeropuerto es un espacio que no pertenece al mundo. Sus habitantes, los del aeropuerto digo, lo son porque forman una pequeña comunidad con muchos puntos en común. Aunque comparten un mismo espacio, sus mentes y corazones están en otro sitio. Ese sitio tal vez sea su punto de partida, en el pasado, o su destino, en el futuro. Y en medio está la línea que separa ambos sitios: el presente. Esta línea es mucho más intensa en los aeropuertos. Se hace más evidente, más palpable, más viva.
Suelo tener un concepto de tiempo muy ligado al concepto de espacio, o más bien de sitio. No estoy hablando de física. Es pura percepción subconsciente. El tiempo transcurre mientras permanecemos en un sitio concreto, y si ese sitio en el que estamos cambia a un ritmo natural, por lógica deberá naturalmente transcurrir un tiempo más o menos proporcional a la distancia entre el punto de partida y el destino. Los aeropuertos son sitios en los que la gente pasa de estar en un sitio inicial a estar en otro completamente distinto y muy lejano al primero… en muy poco tiempo. Jerez-Madrid. Amsterdam-Moscú. París-Casablanca. Málaga-Oslo. Ese ilusorio desajuste en la relación natural espacio-tiempo (mucho espacio, poco tiempo) de alguna forma hace que el tiempo que permanecemos en la línea divisoria se haga mucho más intenso, más especial. Y cuando el tiempo se vive intensamente, las emociones también.
Por eso los besos en los aeropuertos son más intensos.
El ambiente de un aeropuerto me contagia. Me gusta.
El vuelo iberia 070 se complica, dicen por megafonía. Es el que llega de Madrid a las 19.30, y es en el que viaja mi niña.
martes, 27 de noviembre de 2007
sábado, 18 de agosto de 2007
niña de Conil
Cuando echas de menos a quien quieres sueles hacer cosas como poner una foto suya en un sitio bien visible, leer alguna carta antigua, coger algo de ropa suya que huela todavía como su pelo o, como en mi caso, elegir los calcetines que ella descolgó del tendedero y plegó como ella siempre lo hace: cada calcetín por separado y plegado sobre sí mismo, de dentro hacia afuera, hasta la altura del talón, para que sea más fácil ponérselo. Yo suelo agruparlos por parejas, doblando la parte alta de uno de los calcetines hacia afuera de forma que agarre la pareja completa. Ella elige ponérselos fácilmente y yo elijo asegurar que no se desparejen. Da lo mismo, ninguna forma es mejor que la otra. Cada uno de nosotros dos tiene su propia forma de hacerlo. Lo bonito del asunto es que nos da igual.
Pero hoy la echo de menos. Hoy especialmente quiero llevar puestos ese par de calcetines doblados a su modo, como ella siempre lo ha hecho. Sin saberlo me ha dejado en el cajón un trocito de ella, una parte de su personalidad, de su manera de hacer las cosas, de su cariño. Un regalo para mí. De ella.
Pero hoy la echo de menos. Hoy especialmente quiero llevar puestos ese par de calcetines doblados a su modo, como ella siempre lo ha hecho. Sin saberlo me ha dejado en el cajón un trocito de ella, una parte de su personalidad, de su manera de hacer las cosas, de su cariño. Un regalo para mí. De ella.
jueves, 19 de julio de 2007
La educación de las hadas
Porque cuando éramos niños jugábamos.
Porque en nuestros juegos existía la magia.
Porque la magia nos hacía felices.
Porque una secuencia de fotogramas
es capaz de hacer que nuestro pecho de adulto
se estremezca de felicidad.
Ahí está la magia. Pues claro que existe.
viernes, 8 de junio de 2007
sudáfrica
"Quien intente poseer una flor, verá marchitarse su belleza. Pero quien se limite a mirar una flor en un campo, permanecerá para siempre con ella"
-Paulo Coelho
-Paulo Coelho
viernes, 25 de mayo de 2007
Monos y plátanos
La historia que os cuento la podéis encontrar en internet repetida mil veces. Pero cuanto más se repita, mejor. La autocrítica nunca viene mal.
Estos días me estoy encontrando en el trabajo con situaciones similares, que a ratos me dan bastante coraje. Digo situaciones para así incluirme a mí mismo, por lo de la autocrítica y tal.
En fin, allá va. Que cada uno saque sus propias conclusiones.
Un grupo de científicos encerró a cinco monos en una jaula, en cuyo centro colocaron una escalera y, sobre ella, un montón de plátanos.
Cuando uno de los monos subía la escalera para agarrar los plátanos los científicos lanzaban un chorro de agua fría sobre los que se quedaban en el suelo.
Pasado algún tiempo, los monos aprendieron la relación entre la escalera y el agua, de modo que cuando un mono iba a subir la escalera, los otros lo molían a palos.
Después de haberse repetido varias veces la experiencia, ningún mono osaba subir la escalera, a pesar de la tentación de los plátanos.
Entonces, los científicos sustituyeron a uno de los monos por otro nuevo.
Lo primero que hizo el mono novato nada más ver los plátanos fue subir la escalera. Los otros, rápidamente, le bajaron y le pegaron antes de que saliera el agua fría sobre ellos.
Después de algunas palizas, el nuevo integrante del grupo nunca más subió por la escalera.
Un segundo mono fue sustituido, y ocurrió lo mismo con el que entró en su lugar.
El primer sustituido participó con especial entusiasmo en la paliza al nuevo.
Un tercero fue cambiado, y se repitió el suceso.
El cuarto, y finalmente el quinto de los monos originales fueron sustituidos también por otros nuevos.
Los científicos se quedaron con un grupo de cinco monos que, a pesar de no haber recibido nunca una ducha de agua fría, continuaban golpeando a aquél que intentaba llegar hasta los plátanos.
Si fuera posible preguntar a alguno de ellos por qué pegaban con tanto ímpetu al que subía a por los plátanos, con certeza ésta sería la respuesta: «No lo sé. Aquí, las cosas siempre se han hecho así».
Palabras clave: Mente abierta, innovación, creatividad, contracorriente, coraje, inconformismo.
Estos días me estoy encontrando en el trabajo con situaciones similares, que a ratos me dan bastante coraje. Digo situaciones para así incluirme a mí mismo, por lo de la autocrítica y tal.
En fin, allá va. Que cada uno saque sus propias conclusiones.
Un grupo de científicos encerró a cinco monos en una jaula, en cuyo centro colocaron una escalera y, sobre ella, un montón de plátanos.
Cuando uno de los monos subía la escalera para agarrar los plátanos los científicos lanzaban un chorro de agua fría sobre los que se quedaban en el suelo.
Pasado algún tiempo, los monos aprendieron la relación entre la escalera y el agua, de modo que cuando un mono iba a subir la escalera, los otros lo molían a palos.
Después de haberse repetido varias veces la experiencia, ningún mono osaba subir la escalera, a pesar de la tentación de los plátanos.
Entonces, los científicos sustituyeron a uno de los monos por otro nuevo.
Lo primero que hizo el mono novato nada más ver los plátanos fue subir la escalera. Los otros, rápidamente, le bajaron y le pegaron antes de que saliera el agua fría sobre ellos.
Después de algunas palizas, el nuevo integrante del grupo nunca más subió por la escalera.
Un segundo mono fue sustituido, y ocurrió lo mismo con el que entró en su lugar.
El primer sustituido participó con especial entusiasmo en la paliza al nuevo.
Un tercero fue cambiado, y se repitió el suceso.
El cuarto, y finalmente el quinto de los monos originales fueron sustituidos también por otros nuevos.
Los científicos se quedaron con un grupo de cinco monos que, a pesar de no haber recibido nunca una ducha de agua fría, continuaban golpeando a aquél que intentaba llegar hasta los plátanos.
Si fuera posible preguntar a alguno de ellos por qué pegaban con tanto ímpetu al que subía a por los plátanos, con certeza ésta sería la respuesta: «No lo sé. Aquí, las cosas siempre se han hecho así».
Palabras clave: Mente abierta, innovación, creatividad, contracorriente, coraje, inconformismo.
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