Sueño, con las manos en el teclado.
No es que sueñe, es que lo tengo, vamos...
Los párpados se van cayendo, poco a poco, casi sin que me de cuenta. Es ese inconfundible placer que sientes cuando eres consciente de que te estás quedando dormido... cuando tu cabeza empieza a pesar hasta que das una cabezada... y te vuelves a despertar, medio dormido, para sentir de nuevo cómo tus párpados se dejan llevar por la irresistible pereza y caen sin remedio...
Se acerca la primavera. Quedan cinco días escasos, y ya se siente en el aire de la calle. La luz es distinta, el aire es menos denso, las nubes tienen otra forma.
El ruido alegre de la calle, el suave viento jugando con las ramas de las jacarandas a media tarde... me empiezan a traer recuerdos de azahar, de semana santa, de incienso.
Y luego de albero, de pinchito,
de pedro ximénez fresquito, de feria.
Y luego de mar, de olas, de sal,
arena, espuma.
Poniente.
Chicharras a mediodía.
Gaviotas por la tarde.
Grillos en los anocheceres de manga corta.
Noches azules de estrellas que nunca acaban.
Amaneceres dentro de una caracola,
saboreando la sal en el aire.
Colores. Vida.
Ya se acerca el verano, ya se huele.
Y mis párpados se vuelven a caer. En este eterno instante de modorra a media tarde sólo una cosa podría mejorar el momento: sentirte cerca, oir tu respiración pausada, serena, sin prisas, sin horarios, sin sillas ni mesas ni ordenadores. Sentirte cerca, de nuevo, mientras me voy quedando dormido... de nuevo.
Escuchando: Manolo García - Serena barca