sábado, 3 de febrero de 2007

el sol de Praga


el sol de Praga
Originally uploaded by qvark.
27.1.07 - Dentro.
Sonido de agua de una fuente. Sillones color cereza de piel, rasgos angulosos que definen con precisión la sobriedad del hall.
Acogedor. Cálido. El sol entra por la ventana mientras escribo estas letras. La ventisca que hace cinco minutos me obligó a entrar acaba de pasar. Me imagino que el mirlo que vi antes saltando entre la nieve habrá encontrado un buen sitio para cobijarse.

Los mirlos checos son iguales que los españoles. Los animales irracionales no entienden de fronteras tanto como los racionales. Será porque tienen lo que son y son lo que tienen, y por lo tanto no delimitan tanto su entorno.

Praga me recuerda enormemente a Murmansk. Los semáforos encienden conjuntamente sus luces ámbar y roja.

28.1.07 - Vuelo Praga-Madrid.
Acaban de darme un almuerzo calentito y, mientras sobrevolamos la campiña francesa cubierta de nieve (aunque tal vez no sea la campiña francesa lo que sobrevolamos), me estoy tomando un café caliente. Ahora mismo no pido más. Cuando salía el avión pedía que Bárbara estuviese conmigo, y probablemente pediré lo mismo cuando llegue a Madrid. Pero en este momento estoy en paz conmigo mismo.

Praga, o la sensación de libertad que te da el explorar un sitio nuevo sin llevar reloj encima, es alucinante. Volveré, eso lo tengo claro. A Praga o a cualquier otro sitio, eso es lo de menos. Volveré a prescindir del reloj cuando toque explorar.

miércoles, 10 de enero de 2007

crítica y crueldad (y II)

Creo que casi todos tenemos un poco de ese morbillo por las desgracias ajenas. Todavía no he encontrado el motivo, o tal vez no quiero creerme que el motivo sea que somos así por naturaleza... A veces pienso que la crueldad es inherente al ser humano y que la única forma de combatirla es la educación.

En un plano un poco más cercano o más íntimo que el cine o la televisión tenemos a los blogs personales, en los que nos vamos escribiendo ideas sueltas, anécdotas, pensamientos más o menos profundos, relatos cortos, poemas… Para algunos el blog es su hombro de lágrimas, para otros es su manera de liberar estrés, para otros es la forma de saciar su necesidad de compartir lo que descubren. Todas son igualmente respetables.

En ocasiones he leído comentarios muy destructivos en alguna que otra entrada de algún que otro blog. Suelen durar poco ya que, por lo general, quien escribe el blog no tarda en borrar el comentario. Pero es igual que lo borre, el daño está hecho. A algunos les dolerá menos que a otros. Y una buena parte de éstos verá reducida sus ganas de escribir. Una de las críticas más injustas que me vienen a la cabeza y que he leído en muchos sitios es calificar pensamientos profundos de “filosofía barata”. Todavía no me explico qué gana alguien tachando de "filósofo barato" a quien se atreve a explorar dentro de sí mismo buscando el origen de sus sentimientos. A lo mejor esos ataques se deben a la frustración que genera el no ser capaz de hacer lo mismo, sea por la razón que sea. O tal vez por lo que comentaba al principio: para quedar por encima de alguien lo más fácil es hundirle. Esa mezcla de bajeza y caradura.

Hay quien cree que las personas se dividen en dos grupos: las personas buenas y las malas. Yo preferiría no creerlo, pero a veces me asalta la duda. Aunque, después de todo, mi límite entre lo bueno y lo malo es mío y sólo mío...

viernes, 5 de enero de 2007

crítica y crueldad (I)

Un compañero de trabajo me comentó hace poco que el buen crítico de cine es el que analiza una película, la compara con otras películas extrayendo elementos o puntos de vista comunes u opuestos y, en base a esa comparación, recomienda otras películas que puedan ser interesantes. Me pareció una buena definición para un buen crítico de cine. De cine o de cualquier cosa. En general.

Como siempre, hay de todo. Pero hoy les toca a los críticos destructivos: esa gente que parece querer justificar su sueldo (o ganar fama, si lo hace sin ánimo de lucro) desprestigiando y tirando por tierra el trabajo de los demás. Sin contemplaciones. Con el único fundamento de su opinión personal: tal película es un bodrio infumable (y el que diga lo contrario ya sabe: es igual de bodrio).

En muchos casos parece que criticar duramente un best seller o una película de gran éxito hace quedar al crítico por encima de la obra, y en cierto modo por encima también de todo aquel que la disfrutó. Parece que la forma más fácil de conseguir el éxito profesional es hundiendo a los demás. Y cuanto más alta esté tu víctima, más alto llegarás tú hundiéndola. Desde luego es mucho más fácil llegar al éxito así que superándonos a nosotros mismos, mejorando día a día. No mejor, sólo más fácil.

O tal vez no es eso lo que pretenden. Tal vez es simplemente una cuestión de forma y no de fondo... Hay muchas maneras de decir una misma cosa, dependiendo del respeto que tengamos a quien nos dirigimos. Y no estoy hablando de aparentar. No me refiero a la risa forzada que espera el momento perfecto para dar una puñalada por la espalda. El respeto en muchos casos es interpretado como hipocresía, pero no tienen nada en común: la hipocresía nace de una mentira encubierta, mientras que el respeto nace de un sentimiento profundo de igualdad. Y ahí no hay sitio para la mentira.

Hacer de la crítica destructiva una forma de ganarse la vida me parece bastante triste. Pero está visto que, si es así como se consigue el éxito, es porque hay gente que disfruta viendo como tiran por tierra el trabajo de otros. Realmente hay gente, mucha gente, que disfruta con las desgracias ajenas. Sólo hay que encender la televisión a cualquier hora de la tarde para comprobarlo.

Hoy estoy haciendo amigos :P

sábado, 23 de diciembre de 2006

abrazos gratis

Hoy mis padres han recibido en la calle un abrazo de una chica desconocida que llevaba un cartel en el que se leía ABRAZOS GRATIS. Mi padre me dijo lo que le había pasado. Yo ya había oído hablar antes de esto. Así que busqué un poco. Le enseñé este video. Lloró.



Feliz navidad a todos

domingo, 10 de septiembre de 2006

seguridad en la distancia


Aquella mañana se levantó un poco más aturdido que de costumbre. Se incorporó, se restregó un poco la cara y miró a su alrededor buscando sus gafas de ver. Ah, ahí están. Se inclinó pesadamente y, alargando su nudosa mano hacia la mesa de noche, agarró las lentes con toda la precisión que le permitían sus 78 años. Se puso las gafas. Conforme iba despertando, su mente se aclaraba y poco a poco comenzaba a recordar cosas: mi dormitorio... hoy es miércoles... mi libreta, ¿dónde la habré dejado?...

Su libreta era sagrada. En ella iba apuntando las tareas importantes de cada día, sus gastos, recordatorios... ciertamente, esa libreta constituía su memoria. Tomó esa costumbre de apuntarlo todo varios años atrás, cuando empezaba a notar pequeñas lagunas mentales. Y aunque con el tiempo fue dependiendo más y más de aquel pequeño taco de papeles anillados y menos de sí mismo, esa pequeña molestia no le turbaba demasiado. Aceptaba que su falta de memoria era ley de vida y era consciente de que sus años vigorosos, que ya pasaron, los invirtió en la experiencia y serenidad que ahora disfrutaba. Se sentía satisfecho y feliz de haber vivido una existencia plena en la que había saboreado el éxito personal en su trabajo, el amor y la entrega incondicional en la que fue su mujer, la alegría de sus hijos y el calor de sus nietos. La confianza de sus amigos y las lecciones de vida de sus pocos enemigos.

Así que alguna que otra laguna mental, el azúcar, el reúma y otros achaques propios de su edad no eran más que señales que le recordaban que estaba llegando a la cumbre de la vida sin haberse saltado ninguna etapa. El curso de la vida en su orden natural.

Aunque su vista ya no era lo que fue en su día, aún podía presumir entre sus amistades de conservar su carnet de conducir, lo cual le permitía cada miércoles por la tarde ir a visitar a su hijo y a sus nietos a la ciudad vecina. Despacito y con buena letra, pero por sus propios medios. Orgulloso de poder demostrar que todavía era autosuficiente.

Fue precisamente esa combinación de experiencia de la vida y orgullo personal lo que ayudo a conservar la calma ese miércoles por la tarde cuando conducía por su carretera, sin prisa pero sin pausa, camino de ver a sus nietos. Cuando ese conductor cuarenta primaveras más joven pegó su coche detrás y comenzó a lanzarle destellos mientras le enviaba al asilo a base de insultos. Un descuido podría haber sido fatal.

Paciencia. Después de todo, aquel pobre chaval estresado no sabía lo que era ver la vida desde lo alto de la montaña. Creía que por correr más iba a llegar antes a la cumbre... Y a lo mejor era así. Cuando más tarde el chaval le adelantó en un tramo donde no estaba permitido adelantar, el anciano se preguntó si algún día ese chaval podría también disfrutar de poder llevar en sus nudosas manos su propia autosuficiencia... o dejaría su vida por el camino, rompiéndose así el orden natural de las cosas.