miércoles, 14 de diciembre de 2005

el qvark inquieto

på vei til oslo

10 Agosto 2005 - 18.26
Autobús Gardemoen-Oslo


" Ya estoy de nuevo en Noruega, más de un año después. Me gustó ver otra vez los bosques cuando el avión se acercaba al aeropuerto de Gardemoen, en Oslo...
Al salir del avión olía a Noruega. Es un olor característico, mezcla de conífera, musgo, mar y Peppe’s Pizza. Ahora mismo estoy en un autobús Gardermoen-Oslo que me llevará a la ciudad a hacer el loco un rato. Me ha costado un rato lanzarme porque no tenía ni idea de dónde dormir (aeropuerto, albergue quien sabe dónde, debajo de un puente...) Al final encontré un sitio cómodo en el aeropuerto, así que sólo quedaba comprar un billete de autobús para Oslo, con 'open return'. La condición es estar de vuelta en el aeropuerto antes de las 7 de la mañana. Pero entre las 21.30 y las 4 de la mañana no hay ningún autobús de vuelta. ¿Aguantaré hasta las 4?

PD: Cuando el avión tocó tierra brillaba el sol. Ahora llueve. Es Noruega :) "



Cabalgar, viajar y cambiar de lugar recrean el ánimo. –Séneca

lunes, 5 de diciembre de 2005

homesick



Originally uploaded by claar.
Hoy flojeo. Ni la foto es mía ni el texto es mío.

Pero me da igual

Kings of Convenience - Homesick

I'll lose some sales and my boss won't be happy,
but I can't stop listening to the sound
of two soft voices
blended in perfection
from the reels of this record that I've found.
Every day there's a boy in the mirror asking me:
What are you doing here?
Finding all my previous motives
growing increasingly unclear.
I've traveled far and I've burned all the bridges
I believed as soon as I hit land
all the other options held before me,
would wither in the light of my plan.
So I'll lose some sales and my boss won't be happy,
but there's only one thing on my mind
searching boxes underneath the counter,
on a chance that on a tape I'd find:
a song for someone who needs somewhere to long for.
Homesick.
Because I no longer know where home is.


sábado, 12 de noviembre de 2005

la tapa de la mermelada

En estas frías mañanas de otoño me pido en la cafetería del hospital mi mollete calentito con mantequilla y mermelada -de melocotón casi siempre, de fresa a veces. Dispuesto a disfrutar de mi desayuno, me siento en una mesa cerca de la tostadora. Todo va bien hasta que llega la mermelada. En ese preciso momento el mundo a mi alrededor se para y toda mi atención se centra en ese pequeño trozo de plástico relleno de deliciosa aunque pegajosa confitura, cubierto con un papel. Hay algo entre ese papel y yo que no acaba de cuajar. Tal vez esos 15cm² de celulosa reforzada con una finísima capa de plástico metalizado fueran en su vida anterior algo o alguien que experimentase una fuerte animadversión hacia mi persona, no sé. El caso es que entre nosotros el karma no fluye como debiera, la mente no logra vaciarse, las varillas de incienso se apagan por la mitad sin más y llueve justo después de lavar el coche.

¿Por qué? Tal vez no se deja querer, o tal vez no logro saber cómo quererla. Siempre he tratado de sacar lo mejor de mí cada vez que nuestras almas se han encontrado, cada vez que nuestros caminos se han cruzado. En esos momentos experimento esa extraña sensación, mezcla de euforia y miedo, de pasión y odio, que eleva mi adrenalina hasta cotas inimaginables de locura desenfrenada. Pero me contengo. Y lo consigo. El pulso nunca me ha temblado, la suavidad de la yema nunca se ha visto quebrada por la ingratitud punzante de la uña. He puesto todo mi cariño y ternura en cada instante, en cada milímetro, en cada curva. Aplicando la justa proporción de presión y dulzura para que la experiencia fuera plena para ambos. Mimo, tacto, comprensión...

Pero nunca ha sido posible. Tarde o temprano llegaba un momento en el que no podía más. La tensión acumulada en su piel llegaba a ser tan grande que sucumbía toda ella, convirtiéndose el mágico momento en intensa agonía, en sentimiento de pérdida irreparable, como atleta que cae en el sprint final, rotas sus fibras...

Entonces, tras la frustración inicial, el desengaño daba paso a la desesperación. No, otra vez no, ¿Por qué yo? ¿Por qué nosotros?.No lo entendía. Pero la situación tampoco entendía de lamentos. Había que actuar y rápido, retirar los restos del fallido intento, intentando que el desencanto no manchase mis manos. Aceptar la derrota con la cabeza alta, y confiar en un próximo encuentro que acabase con esta espiral de inestabilidad, aquel encuentro que por fin equilibrase nuestro espíritu.

Y ese encuentro llegó hoy. Como tantas otras veces, me preparé física y mentalmente para el momento. Vaciar la mente, calentar las manos. Respirando hondo, sin prisa, pero sin pausa. Que fluya... y fluyó.

Ya se deja querer, o ya sé cómo quererla. Por fin he conseguido llegar hasta su corazón, por fin hemos entendido que esto es cosa de dos y que, como mortales que somos, tenemos nuestras limitaciones. Yo y el papel somos incompatibles. Otros a mi alrededor, otros que están en mesas no tan cerca de la tostadora, ellos pueden ser compatibles con el papel. Pero yo no. Ella lo entendió, y decidió poner fin a la situación. Ha cambiado la frialdad de la celulosa por la calidez del aluminio. A partir de hoy ella acudirá a nuestros encuentros vestida de aluminio. De un aluminio terso, suave, homogéneo todo él, sin tapujos, sin concesiones a las teorías de resistencia de materiales. Un aluminio donde todo vale, donde el fuego sustituye a la razón, donde los instantes no existen porque el tiempo deja de tener sentido. El aluminio nos ha hecho libres, por fin, y nuestra existencia cobra sentido. Nuestros encuentros son ahora una armonía de sensaciones sin límite, un caballo salvaje galopando sobre la arena de una playa jamás antes pisada, la serenidad del ruiseñor vibrando en el corazón de la tempestad.

Y las varillas de incienso nunca más se apagarán por la mitad sin más.

sábado, 15 de octubre de 2005

el viaje de Chihiro

Tal vez lo que está haciendo que me sienta cada vez más vacío es el ansia de tener cada vez más.

Buscar la felicidad donde nunca ha estado. Querer por ejemplo un trabajo estable para poder cambiar el coche viejo por uno nuevo, en lugar de sentirme afortunado por tener ya un coche gratis y un sueldo que ya quisieran muchos.

Pero la clave ni siquiera está en ser más feliz con el coche que tengo que con otro mejor, sino en darme cuenta de que el hecho de tener o no coche no condiciona para nada mi felicidad. Son cosas distintas.

Con las prisas y el estrés del trabajo es fácil olvidarse de las raíces de una vida. Para mí las raíces fueron hasta hace poco (o por lo menos lo tenía en mi cabeza hasta hace poco) el sentirme bien con lo que hago por el simple hecho de poder hacerlo, el sentirme bien a través de la felicidad de los demás, algo que se consigue con lo que eres y no con lo que tienes. Dando un poco de tí en lugar de dar un poco de lo que has adquirido en tu vida de forma artificial, lo que no es natural, lo que no puedes llevarte contigo a la copa de un abedul.

Puedes ser rico y sentirte desgraciado. Puedes ser plenamente feliz sin poseer más de lo que cabe en tus manos. Lo material y la felicidad van por caminos separados.

En realidad me sentiría más tranquilo si no sintiese la necesidad de ir en coche a todos lados, con el móvil en el bolsillo y quitando la carátula del radio-cd cada vez que salgo del coche, para que no me lo roben (y como ya me lo robaron hace un par de semanas, pues un problema menos :P)

No estoy intentando decir que se es más feliz teniendo menos cosas. Tener cosas no es malo, lo malo es cuando tenerlas se convierte en necesidad, cuando sientes que tu felicidad depende de esas cosas.

lunes, 3 de octubre de 2005

Hierro 3

"Salgo de mi casa.
Mientras estoy fuera, alguien entra en mi casa vacía y se instala en ella.
Come la comida de mi frigorífico, duerme en mi cama, mira mi televisor. Quizá porque se siente culpable, arregla mi despertador roto, lava la ropa, lo ordena todo y luego desaparece.
Como si nadie hubiera estado allí...
Un día entro en una casa vacía.
Parece que nunca haya estado nadie, así que me desnudo, me baño, preparo la comida, lavo la ropa, arreglo una báscula de baño y juego al golf en el jardín de la casa.
En la casa hay una mujer desanimada, asustada y herida, que no sale nunca y que llora.
Le muestro mi soledad. Nos entendemos sin decir ni una palabra, nos vamos sin decir ni una palabra.
Mientras elegimos una casa en que vivir, nos sentimos cada vez más libres.
En el momento en que parece que nuestra sed de libertad se ha aplacado, nos quedamos atrapados en una casa oscura.
Uno de los dos se queda en una casa hecha de nostalgia.
El otro aprende a convertirse en un fantasma para esconderse en el mundo de la nostalgia.
Ahora que soy un fantasma, ya no siento deseos de buscar una casa vacía.
Ahora me siento libre de ir a la casa en la que vive mi amada y besarla.
Nadie sabe que estoy allí.
Excepto la persona que me espera...
Siempre llega alguien para la persona que espera... Llega, seguro... hasta para la persona que espera...
Este día del año 2004, alguien abrirá el candado que bloquea mi puerta y me liberará.
Confiaré ciegamente en esa persona y la seguiré a donde sea sin que me importe lo que pueda suceder...
Hacia un nuevo destino...
Es difícil saber si el mundo en que vivimos es sueño o realidad."

Kim Ki Duk



Estaba buscando la sinopsis, pero este texto del director explica mucho mejor de qué va la película. Y lo entiendes aún mejor cuando terminas de verla.

Hierro 3 (Bin Jip) Es la segunda película que he visto de Ki-Duk (la otra fue Primavera, Verano, Otoño, Invierno... y Primavera, también muy interesante aunque más papillita, a ver si encuentro un poco de tiempo y escribo algo sobre ella). El coreano es otro tipo de cine, en mi opinión muy distinto al americano (que es más espectacular) y también al europeo (que es más... ¿social?).

Creo que la filosofía oriental por lo general suele ser más simple que la occidental, entendiendo simple como sencillo. Las soluciones que esas filosofías proponen para los problemas suelen basarse en los valores humanos, personales, en lo que uno posee desde que nace. Suele dar más importancia a la persona que a la sociedad (sin que eso suponga aislarse unos de otros o ser egoísta). Esta manera sencilla y humilde de ver las cosas lo he notado en Hierro 3, y no sólo en la trama. No hay muchos efectos especiales, no hay mucho diálogo, no hay mucha música... y sin embargo la película atrapa, por su expresividad. Cuando sobra talento no hacen falta muchos millones de presupuesto para hacer una buena película.

En las películas occidentales solemos ver tramas complicadas, con muchos protagonistas, historias paralelas que al final se cruzan, malos que parecen buenos y al revés, etc. En la mayoría de películas orientales que he visto todo es bastante distinto. En Hierro 3 la idea es bastante simple: una persona hundida es como una casa vacía. Y una persona que entra en una casa vacía la llena de vida.

Me gustó sobre todo cómo Kim Ki-Duk consigue hacer magia sin recurrir a cosas sobrenaturales (aunque para más de uno lo sean), haciendo la historia mucho más humana, más cercana.

La película dura sólo 95 minutos, pero con eso le basta y sobra a Kim Ki-Duk para atraparte. Y apenas sin diálogo. No he visto una película en la que los protagonistas digan tantas cosas diciendo tan poco. Eso hace reflexionar un poco cuando lo comparas con los debates que echan en la tele a eso de las 4 donde se lían a gritar, todos a la vez, para al final no decir Nada. Es un contraste, desde luego...